Siempre escuchamos que los Mercados son cíclicos, esto implica que el valor de las inversiones disminuya o aumente obedeciendo siempre este patrón. Este ciclo deriva de las emociones del mercado.

En otras palabras, los movimientos de los precios, al alza y a la baja, son resultado de la psicología de los diversos inversores, por tanto siempre manifestarán una serie de emociones relacionadas según sea la situación de su inversión.

Detectar los ciclos emocionales anteriores es bastante sencillo, con ver un gráfico de un periodo determinado alcanza para darse cuenta cómo se movieron las emociones de los inversores, plasmadas en las fluctuaciones de los precios. Sin embargo entender el proceso emocional y dominarlo al momento de invertir es no resulta tan sencillo.

Un ciclo emocional del mercado se compone de varias etapas, sin embargo muchas parecidas entre sí, por lo que es preferible un esquema más práctico como el siguiente:

Optimismo: Todo comienza aquí. Es cuando inicia la inversión, con altas esperanzas ya que se espera un alto rendimiento.

Entusiasmo: La inversión va a favor, se observan rendimientos altos, surgen emociones positivas y el inversor desea continuar e ir por más. Aquí la avaricia es determinante pues siempre se desea sacarle más jugo al Mercado.

Euforia: En este punto se llega al máximo riesgo financiero y también la máxima ganancia económica. Es momento de vender ahora que la inversión ya otorgó beneficios rápidos y fáciles. Hay que eliminar la avaricia y saber que es el momento de ganar.

Incredulidad: El mercado comienza a comportarse de forma irregular, llega la sensación de que ganarle dinero al mercado no es fácil. Se reduce la esperanza de mejora a corto plazo.

Desolación: Comienza a preocupar el precio de la inversión, no hay plan B y surgen las dudas. Comienza a manifestarse el nerviosismo y más cuando el valor de la inversión ha disminuido. Es aquí cuando hay que confiar en la estrategia establecida.

Pánico: El miedo está presente y domina, la inversión perdió los rendimientos. Ya no hay control sobre la inversión. No se sabe el comportamiento del precio y puede que haya más perdidas, se busca vender a cualquier precio para perder lo menos posible.

Depresión: El inversor se rinde. Sin embargo, se marca el punto de máxima oportunidad financiera, si el inversor sabe controlar el pánico se puede replantear el volver a invertir y entenderá que en el Mercado también se vale perder.

Esperanza: La caída emocional fue dura, si el inversor es fuerte analizará lo que salió mal y aquí es donde nacen los inversores de verdad, los que aprenden de los errores. Surgen oportunidades de entrada y el inversor fuerte comienza nuevamente a analizar, entendiendo al Mercado y su comportamiento.

Todo vuelve a repetirse una y otra vez, pero ahora el inversor se vuelve un poco más inteligente si logró aprender de sus errores.

Entonces podemos decir que aunque una estrategia se planea con base a información concreta y análisis previo, es bueno tener en cuenta el ciclo emocional de un Mercado y más al momento de tomar decisiones.

En las inversiones las emociones deben controlarse, de lo contrario pueden afectar la estrategia elegida y más si ésta no se comporta como se había pensado. Hay que invertir con disciplina, y eso es algo que sólo el tiempo y la experiencia brindan.

 

Fuente: Escrito por Fabricio Gattuso – BRIO Valores ALyC SA